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Los personajes involucrados presiden aún los pasajes secretos del inconsciente colectivo. En el teatro del pueblo, las sonrisas siniestras de las marionetas, talladas en sus rostros de madera, son expresiones de ese otro yo que todos llevamos dentro: el social.

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Penetran el subconsciente los errores viejos, privilegio del sombrío paisaje del cementerio. En nosotros siguen vivos los túneles oscuros, las viejas callejuelas de miseria, desiertos vamos derribando murallas. En horas de soledad, cada lápida…

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Abajo, en el silencio de piedra, se esconden todos los caminos. En nosotros siguen vivos los túneles oscuros, las viejas callejuelas de miseria, desiertos vamos derribando murallas.

El amo del castillo, que en la lejanía está habitado por almas nobiliarias, alquimistas delirantes, y todos los soñadores que las épocas acumularon, mezcló su timidez morbosa con su melancolía, dejando que deambulen por pasillos y torres, entregado él al coleccionismo de espíritus femeninos. Es inútil buscar su rastro, se pierde en el misterio del plano cartesiano y el enigma del bebedor de almas, poseído por un terror kafkiano.

¿Sabes lo que te aguarda en este castillo?

.. Sus recuerdos perdidos se incrustan entre las mohosas grietas.

9 respuestas

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Poesía

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hace 16 horas

Penetran el subconsciente los errores viejos, privilegio del sombrío paisaje del cementerio. Permanecen quietas como islas, las antiguas figuras sobre las tumbas, que huelen a polvo petrificado, a sándalo e incienso.

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Abajo, en el silencio de piedra, se esconden todos los caminos. En horas de soledad, cada lápida expresa un lamento desde el pedestal de la historia. Se llega al fondo del silencio desde la tumba de ese aristócrata medieval, a quien hasta la muerte temía. Los relojes cuyas torren marcan las horas hacia el pasado son un sello que el tiempo no pudo borrar

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